Democracia en la incertidumbre: el azar como instrumento democratizador




Democracia en la incertidumbre: el azar como instrumento democratizador
(A propósito de la actividad realizada por la U. Externado 5/5/2020)
     En la antigua Grecia de Aristóteles y Platón se crearon varias instituciones democráticas y de control que enriquecen cualquier tópico acerca de política y derecho y que persisten de alguna manera en nuestros tiempos. Tal es el caso de la rendición de cuentas de la gestión pública de quienes gobiernan (la dokimasia, la euthyna, la eisangelia, la graphe paranomon y el ostracismo) o la primacía de las decisiones de la asamblea ciudadana en asuntos relevancia política para la polis con la inclusión misma del derecho a la participación política. Otro de los métodos democráticos que existieron en su tiempo fue el de la igualdad para ocupar cargos públicos, incluso los relativos a la magistratura mediante la institución  del “sorteo” o azar que no ha sido tomado en cuenta en el Estado contemporáneo de la manera en que fue el caso, por ejemplo, de la rendición de cuentas. 
     El sorteo o azar, era un mecanismo que los griegos pensaron para evitar problemas como la corrupción o el fraude para ocupar un cargo público (aunque todo mecanismo democrático, incluso el sorteo, puede manipularse y corromperse) y que de algún modo garantizaba la igualdad y la no discriminación para ocupar dichos cargos en una sociedad donde históricamente gran parte de sus ciudadanos estaban interesados en la política por factores demográficos e incluso geográficos. 



     La discusión sobre el azar como instrumento democratizador fue llevada a cabo por los profesores César Vallejo, Felipe Paredes, Felipe Rey Salamanca y Andrea Celemin. Me limitaré a señalar los pros y contras, la tesis y la antítesis, a través de lo expuesto por los ponentes y las respuestas a las interrogantes de los espectadores (mi caso) acerca del azar como instrumento democratizador y mis comentarios al respecto: 
  • Tesis: Los hombres comunes están cada vez menos representados y por más que existen mecanismos formales, no todos se cumplen. Hay un consenso en que la democracia representativa presenta deficiencias. El sorteo permitiría menos corrupción y menos fraude. El sorteo buscaría una especie de igualdad política y de incentivar la democracia participativa. Los hombres comunes son los que realmente conocen cuáles son los problemas sociales. Existen casos históricos donde el azar ha producido buenos resultados, como fue el del emperador Claudio en Roma. 
  • Antítesis: No todos los hombres están preparados para gobernar. Existe un problema de calidad para gobernar en ese supuesto, podría derivar en un gobierno de analfabetas. Habría un problema igualmente de representación porque no se podría determinar a quiénes realmente representan los que son elegidos a través del sorteo. El sujeto que ocupe un cargo público a través del azar podría no soportar la responsabilidad que conlleva desempeñar tal función y no saber comportarse como un político (ya sea en su discurso o desempeño) como fue el conocido caso en Colombia de “Lucho”. 


     Mi principal interrogante como espectador fue la siguiente: ¿El azar no podría hacer que tengamos un gobierno de personas poco preparadas para gobernar? ¿Más que los propios métodos de la democracia representativa? La cual aún teniendo sus fallas -donde concuerdo que existe un consenso académico- es la menos mala. Es, claro está, un problema de calidad democrática principalmente y una interrogante de auto-protección del desempeño democrático ante la posible kakistocracia (gobierno de los peores). Esta sería uno de los elementos fuertes de la antítesis a el azar en el juego democrático.
     No considero que se deba negar el azar como instrumento de democratización. Mi preocupación  y a la vez sugerencia, radica en que habría que determinar en qué tipo de cargos públicos se desempeñarían estos sorteos. La sociedad es heterogénea y por más que haya globalización y puntos de encuentro, el razonamiento es diferente y el choque de civilizaciones persiste en esferas que influyen en el comportamiento humano, como es el caso de la religión. La polis griega no es lo mismo que el Estado contemporáneo y hacer lo que los griegos hicieron es difícil, por no decir que imposible. 
     La democracia representativa aun con sus fallas -que son muchas-, considero, va siendo mejorada por los mecanismos de la democracia participativa tales como el referéndum, el plebiscito, la consulta popular o las iniciativas de creaciones normativas a nivel legal, constitucional e incluso constituyentes. El azar para la deliberación democrática, para la democracia deliberativa, sería interesante. Más participación, sí. Pero con cuidado, porque suficiente peligro para la vida democrática tienen las mayorías cuando actúan sin razón seducidas por el tantas veces apetecible populismo. El azar, dada su naturaleza requiere un alto cuidado como instrumento democratizador.

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